El fútbol en tiempos de guerra: la liga de Terezín

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Es domingo al mediodía en el gueto de Terezín. Todo el mundo en el barracón Dresde está excitado: desde niños hasta ancianos. El barullo es palpable en el ambiente y proviene del patio. Un pitido acelera el incesante hormigueo en el barracón. El pitido es el de un silbato. El silbato es el de un árbitro. Ha comenzado el partido de la jornada en la Liga del gueto Terezín.

Entre los ríos Elba y Ohre, a tan solo 60 kilómetros de Praga, emerge imponente Terezín. Fundada en el siglo XVIII, sus calles y su forma amurallada son testigos de conocidos episodios de la historia contemporánea. Con una superficie de menos de 15 km² ha tenido protagonismo en las dos guerras mundiales del pasado siglo. En el año 1914, Gavrilo Princip fue encarcelado allí tras perpetrar en Sarajevo el conocido asesinato de Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, y de su esposa que, a la postre, fue el detonante de la Primera Guerra Mundial. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45), Terezín fue usada por los nazis como un gueto de paso para los judíos.

Fútbol como evasión

Dice un proverbio chino que de las nubes más negras cae el agua más limpia y pura. Eso sucedió en el gueto de Terezín. Cuando el lado más oscuro del ser humano emergió, y Europa se cubrió de negras nubes durante seis años, en Terezín un halo de luz brotó en forma de pelota.

Desde el año 1942 hasta la primavera de 1944 se disputaron tres ligas y dos copas. El campeonato liguero, inicialmente compuesto por diez equipos, acabó integrado por 12 equipos a partir de 1943. Con un formato de siete contra siete, un árbitro y una indumentaria, cada domingo se disputaba un partido con una configuración de un todos contra todos.

Los equipos se organizaron por gremios o procedencia. Así se compusieron distintos equipos siendo los más populares el de los Jugendfüsorge (cuidadores de los jóvenes) o el de los Köche (cocineros). En cuanto a procedencia, destacaba por encima de todos el Praga, formado por judíos provenientes de Praga.

'Jugones' de Terezín

Muchos nombres desfilaron por los distintos equipos, que se renovaban constantemente. No por lesiones. Ni por sanciones. El motivo era bien distinto: el traslado a campos de exterminio.

En los equipos más destacados había jugadores que habían sido profesionales antes de estar en el gueto. Es el caso de Peter Erben, quién jugó en los Jugendfüsorge y se confesó hace poco en el diario Marca: “En Terezín, formaba parte de los Jugendfürsorge y éramos de los mejores que había. Durante toda mi vida he sido un atleta y antes de la guerra también estuve en el Maccabi Brno”.

Paul Mahrer fue otro de los destacados. Con una prolífica carrera en Alemania, donde jugó en el Hertha de Berlín, y en Estados Unidos, llegó al gueto en 1943, ya retirado profesionalmente. Sin embargo, en Terezín volvió a calzarse las botas. Esta vez, no era con el Hertha, sino con el equipo de los carniceros.

Ser jugador en el gueto era un privilegio, ya que los que tenían esta preeminencia obtenían una ración extra.

Kamarad

La pelota se abrió paso y, con ella, el periodismo. A la par de la liga Terezín, nació Kamarad. Revista editada en el gueto, que registraba las crónicas de los partidos, Kamarad creada y redactada por los niños del lugar, para los que sus ídolos futbolísticos eran sus ´camaradas.

Jugendfürsorge (JF) 14-1 Hagibor Terezín (HT). El juego se celebró el miércoles y fue más una comedia que un partido. El JF observó una supremacía abrumadora y todos sus jugadores, a excepción de Breda y Mayer, anotaron gol. Breda, a pesar de ser delantero no marcó, y Mayer desaprovechó la oportunidad de los diez pasos. El JF jugó bien. Sobre el HT no hay nada que decir”, publicaba el magazín sobre el ´Jugendfürsorge´, el equipo más popular de la liga.

Los jugadores no eran los únicos protagonistas. De los árbitros también se dejaba constancia: “Mano y el colegiado no vio nada. El árbitro Kende fue pésimo y perjudicó a ambas partes”; “En el minuto uno del segundo tiempo, hay un gol a favor del AZ, pero como el portero todavía no se ha incorporado, el árbitro lo anula”.

El gueto y la propaganda nazi

A pesar de ser una vía de escape para los prisioneros, no todo fue un ´camino de rosas´. El régimen nazi utilizó el fútbol como cortina de humo en el documental de Terezín de 1944, en el que intentaban transmitir al mundo las ´buenas condiciones en las que vivían los prisioneros´.

El documental no fue la única maniobra propagandística alemana. Meses antes de la presentación del documental, cuando la barbarie del holocausto empezaba a desvelarse en Europa, una delegación de la Cruz Roja Internacional visitó el gueto de Terezín.

El gueto fue puesto a punto para la ocasión adecuándose escena y personajes como si de una obra teatral fuera: se asfaltaron las calles principales, se les proporcionó ropa nueva, así como una ración extra de comida a los prisioneros, e incluso se celebraron todo tipo de actividades culturales. La Cruz Roja aceptó su papel de espectador pasivo y ´tragó´ con la triquiñuela nazi.

El partido acaba de terminar en el barracón Dresde. Los últimos borbotones de gente que aún quedan comentando el partido empiezan a dispersarse. El momento de evasión y libertad representado en la pelota, esa que no se mancha, ha finalizado. La vida en el gueto vuelve a la normalidad. La dura y cruel realidad.

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