Estrategia y táctica, dos conceptos con un uso equivocado

Publicado por LabHipermedia en

En anteriores artículos de nuestro blog hemos hablado sobre avances tecnológicos como el VAR que, sin duda, están cambiando el deporte y, en concreto, el fútbol. Sin embargo, hay otros aspectos que también se desarrollan constantemente en este mundo y que no van tan estrictamente ligados a la mencionada revolución tecnológica.

Por ello, desde el equipo de Labhipermedia nos hemos propuesto transmitir a todos los lectores de este blog una visión global del mundo del deporte, con la esperanza de ayudar a la hora de instruir en todas las facetas del juego: árbitros, entrenadores, jugadores…

Entre la diversa información que queremos poner a disposición de todos para asimilar mejor este complejo mundo del deporte, hemos querido comenzar por dos conceptos básicos que nos acompañan prácticamente desde los inicios del fútbol profesional y cuya separación es, en ocasiones, difusa: la estrategia y la táctica.

Podría parecer que todo aficionado al fútbol sabe de lo que estamos hablando pero, a menudo, ambos conceptos son utilizados para referirnos indistintamente a situaciones como las siguientes: con qué formación está jugando un equipo, por qué esa jugada de córner no ha salido como se esperaba o los motivos por los que cierto jugador está en el banquillo. Comentarios y expresiones que cualquier futbolero piensa cuando está viendo un partido pero que pueden llevarle al error de confundir o mezclar ambos términos, ya que estrategia y táctica son conceptos totalmente distintos.

La estrategia

La estrategia es cualquier acción que puede darse o tener lugar durante un partido y que ha sido desarrollada previamente con el objetivo de obtener una ventaja sobre el adversario. Dicho de una forma más común, son todas las jugadas ensayadas que parten del balón parado y que incluyen los saques de puerta, los saques de banda, los saques de esquina, y cualquier tipo de falta (lateral, frontal o escorada).

Desarrollar la estrategia de un equipo puede aumentar enormemente el rendimiento defensivo y ofensivo del mismo. Seguro que más de un aficionado al fútbol recuerda equipos que, durante la historia de este deporte, han hecho de la estrategia un arma que les ha dado puntos e incluso títulos. Conjuntos como el Atlético de Madrid campeón de LaLiga 2013/2014, que hizo de los goles de jugada ensayada un arte que les permitió sacar ventaja en los partidos y marcar una buena cantidad de goles en base a estas jugadas entrenadas previamente.

Esta estrategia puede dividirse, atendiendo a la disposición o el posicionamiento de los jugadores en cada jugada, en dos aspectos que básicamente se diferencian por quién tiene la posesión del balón:

Estrategia ofensiva: se da cuando el equipo está en posesión del balón, como por ejemplo un saque de esquina a favor.

Estrategia defensiva: se da cuando el equipo contrario está en posesión del balón y se asume una actitud defensiva, como por ejemplo una falta lateral en contra.

La táctica

El otro término es la táctica, un término procedente del ámbito militar y que, en parte, está muy ligado al mismo ya que el principio es el mismo: al igual que los soldados dibujan formaciones en el campo de batalla, en el fútbol la táctica hace referencia al modo en el se van a colocar los jugadores dentro del espacio de juego delimitado.

Habitualmente, cada formación refleja un tipo de juego: aunque no siempre es así, es lógico pensar que plantar a tus jugadores sobre el verde en un 4-3-3 va a repercutir en un mayor rendimiento ofensivo (y viceversa en el aspecto defensivo) que si les distribuyes en un 5-4-1. También hay que tener en cuenta las características de los jugadores a disposición del entrenador, por lo que según qué formación se elija se estarán aprovechando unas habilidades u otras de los mismos.

Así pues, la táctica se puede definir como las acciones que los jugadores realizan sobre el terreno de juego, tanto en ataque como en defensa, con el objetivo de sorprender al rival. Y esa sorpresa vendrá a través de las dos variantes de la táctica: el sistema de juego, fácil de reconocer en función de las distribuciones previamente mencionadas, y el modelo de juego que, aunque es algo más difícil de apreciar a simple vista, suele ir ligado al sistema de juego y, en ocasiones, a la filosofía del equipo o del entrenador que lo dirija.

El “tiquitaca”, término popularizado por Andrés Montes y que es santo y seña del FC Barcelona o de la Selección Española de fútbol que ganó el triplete Eurocopa-Mundial-Eurocopa entre 2008 y 2012; el “juego defensivo” que se le atribuye a entrenadores como Mourinho, Simeone o Bordalás o a los equipos italianos (el famoso “catenaccio”), o el “rock and Klopp” que practica el Liverpool comandado por el entrenador alemán son ejemplos de modelos de juego que cualquier aficionado al fútbol reconoce cuando se encuentra ante uno de estos conjuntos.

Desarrollando un poco más estos conceptos, podemos definir el sistema de juego como la formación que despliega un equipo con el fin de obtener un rendimiento óptimo en el terreno de juego. Depende de la situación de los jugadores en el campo y de sus responsabilidades en ataque y en defensa, lo que conocemos como roles.

Estos sistemas de juego han evolucionado enormemente durante la historia del fútbol, adaptándose en muchos casos a las modificaciones de las Reglas del Juego. Por ejemplo, que en esas primeras reglas se promovieran más las carreras individuales que el pase implicó que existieran formaciones como el 1-1-8. Hoy en día se sigue encontrando una amplia variedad de formaciones, a menudo diferenciadas en sistemas más ofensivos y más defensivos aunque, como ya hemos mencionado, hay multitud de aspectos más que definen el cariz defensivo u ofensivo de un determinado sistema. 

Por su parte, el modelo de juego es la combinación entre el sistema de juego seleccionado y el estilo o filosofía que sigue el equipo. Se puede hablar de los estilos directo, de combinación, de juego en largo… que dependen no solo de las características del equipo, sino también de las del rival.

Como hemos mencionado, la táctica comprende también las labores defensivas y ofensivas de los jugadores del equipo que están ligadas a sus características y actitudes. Seguro que se nos vienen a la cabeza muchos nombres de jugadores que tienen una actitud defensiva tendente a la pasividad pero que despliegan todo su potencial en ataque y viceversa: jugadores con un compromiso defensivo mayor debido a sus cualidades, pero que en cambio no se prodigan mucho en la zona ofensiva. Todo eso se engloba dentro de la táctica y de los dos tipos de actitudes que vamos a ver, cada una con sus características particulares.

La actitud defensiva: comprende una serie de principios como los marcajes, los repliegues, las coberturas, las permutas o la vigilancia defensiva.

La actitud ofensiva: enmarca los principios ofensivos que se dan en el terreno de juego como los apoyos, los ataques y contraataques, los desmarques, los espacios al hueco, la temporización o los cambios de ritmo y de orientación.

Esperamos que, después de leer este texto, comiencen a ver el fútbol con una mayor profundidad en lo que a estos aspectos se refiere. Para terminar, os dejamos con un pequeño resumen que aclare definitivamente las diferencias entre estrategia y táctica que acabamos de ver.

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