De la prohibición a la fama: historia del fútbol femenino

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Hoy en día nombres como Jennifer Hermoso, Marta Torrejón o Alex Morgan nos resultan conocidos, pero las mujeres no lo han tenido nada fácil para lograr reconocimiento en el mundo del fútbol. Os invitamos a dar un viaje a través de la historia en el que veremos cómo las mujeres han luchado por tener un sitio en este deporte tan popular.

Primeras participaciones de mujeres en el fútbol

En el siglo III a.C, en la ciudad de Lin Zi, en China, se produjo un episodio que cambiaría la historia del fútbol: la creación de un juego, conocido como Cuju o Tsu Chu y del que os hablábamos en nuestro artículo sobre los precursores del fútbol, que consistía en dar patadas a un balón y dirigirlo a una red y tratar de marcar un tanto de cualquier manera, pero sin utilizar las manos.

Fue muy popular en la sociedad pero, sobre todo, entre las mujeres, que incluso lo jugaban más que los hombres. Sin temor a equivocarnos, podemos citar a esta actividad como la primera aproximación a lo que conocemos por fútbol femenino.

Prohibiciones en el fútbol

Durante la Edad Media, en Gran Bretaña se prohibió el fútbol femenino debido a su carácter violento. En 1863 se fundó la Football Association (FA) con el objetivo de uniformar las reglas del juego, reajustando normas para evitar la violencia en el juego para que fuera socialmente aceptable para las mujeres.

En 1894 se fundó el primer club femenino, denominado British Ladies Football Club (BLFC). La fundadora del club fue Netty Honeyball quien, a través de anuncios en los periódicos, reclutó a jugadoras, gran parte de ellas mujeres jóvenes de clase media y alta. Tras varias semanas de entrenamiento, el primer partido se disputó el 23 de marzo de 1895 en el barrio londinense de Crouch End. Pero a falta de otros clubes femeninos, el BLFC se dividió en dos equipos llamados genéricamente “Norte” y “Sur”.

La edad de oro del fútbol femenino

La llegada de la Primera Guerra Mundial fue clave para el fútbol femenino en el Reino Unido, debido a que muchos hombres fueron reclutados y enviados al frente y partieron al campo de batalla durante la guerra. En las fábricas, las obreras habían comenzado a ocupar su tiempo libre disputando partidos de fútbol improvisados, transformándose en un popular pasatiempo. Debido a esta actividad popular muchas fábricas crearon sus propios equipos de fútbol, que hasta ese entonces eran privilegio de los varones. Uno de los equipos más exitosos de la época fue el Dick, Kerr’s Ladies de Preston (Inglaterra).

Por primera vez, los periódicos dejaron de preocuparse por la vestimenta de las jugadoras para dedicar sus crónicas a las incidencias del partido. La enorme cantidad de dinero, público y atención mediática generada por el fútbol femenino comenzó a preocupar a los dirigentes de la Football Association (FA). La respuesta fue implacable y tuvo consecuencias de muy larga duración. El 5 de diciembre de 1921, la FA adoptó por unanimidad una resolución en la que se afirmaba que el fútbol era un deporte inapropiado para las mujeres.

La gran acogida por parte de la prensa y el público estadounidense no logró cambiar la situación.  La prohibición de la FA (que se mantuvo en pie hasta la década de los setenta) impidió que el fútbol femenino lograse reinventarse. La edad de oro iniciada durante la guerra se había ya agotado a mediados de la década de los veinte. Muchas mujeres siguieron con la práctica de jugar al fútbol, pero, al igual que a comienzos de siglo, lo hicieron de un modo casi privado y sin una organización sólida ni competiciones relevantes. En definitiva, la prohibición de la FA obligó al fútbol femenino a iniciar una larga lucha por jugar al fútbol y ser reconocidas que duró más de 50 años.

El paradigma estadounidense

Tras la Copa Mundial de Fútbol de 1966, surgió un interés por parte de las aficionadas a tal punto que la FA decidió incorporarlas en 1969 tras la creación de la rama femenina de la FA. Durante la década de los setenta hasta los noventa, el fútbol femenino experimentó un boom a nivel global, expandiéndose por continentes como Asia, Europa y Norteamérica.

El caso de EE.UU. es el más interesante, en cuanto la ausencia de una cultura futbolística comparable a la de otros países permitió que el fútbol fuese asociado con el mundo femenino en vez del masculino. Hacia el año 2000, en EE.UU. había alrededor de siete millones de jugadoras y el fútbol femenino comenzaba a despertar una cierta atención mediática tras la victoria de la selección local en el Mundial de 1999. A pesar de esto, las enormes dificultades para crear una liga regular en EE.UU. apuntan hacia uno de los principales desafíos del fútbol femenino en las últimas décadas: el profesionalismo.

La evolución del fútbol femenino en España

Las pioneras del fútbol en España fueron las ‘Spanish Girls Club’, que entraron en la historia de nuestro fútbol un 9 de junio de 1914 tras disputar el primer partido de fútbol femenino en España. Paco Bru, exfutbolista del FC Barcelona, fue el fundador del equipo y dividió a las chicas del mismo equipo en dos: Monserrat y Giralda. Así pues, en el campo del RCD Espanyol se disputó el primer partido no oficial, que haya constancia, del fútbol femenino español.

Otra figura de nuestro fútbol fue Irene González, portera que en 1920 jugó varios partidos de exhibición con un equipo de veteranos coruñeses.  El fútbol femenino empezó a abrirse camino durante la II República, pero pronto quedaron en el olvido debido al estallido de la Guerra Civil.

A partir de la década de los setenta el fútbol femenino fue cobrando importancia, aunque fue un proceso largo. En 1971 nuestra Selección Nacional Femenina jugó su primer partido no oficial contra Portugal. Doce años después, en 1983, se volvieron a enfrentar, pero esta vez sí era el primer partido que disputaba nuestra selección.

En 1988 se creó La Liga Nacional Femenina, que estuvo formada por un grupo único en el que tomaron parte nueve clubes. Más adelante, en 1996, pasó a denominarse como División de Honor Femenina, en la que los 42 participantes se dividieron en cuatro grupos según proximidad geográfica. En 2001 se cambió a Superliga Femenina, nuevamente formada por un grupo único de 14 equipos. En 2008 se amplió de 14 a 16 y en 2010 de 16 a 42 creando de nuevo varios grupos. Finalmente, en 2011, se creó la Primera División Femenina, con 16 equipos y un único bloque.

El último paso: la profesionalización

El futuro se presenta esperanzador para el fútbol femenino español. El 15 de junio de 2021, el Consejo Superior de Deportes aprobó la profesionalización de la Liga femenina de fútbol, primera competición disputada por mujeres que alcanza esta distinción en el país. La creación de la ‘Liga Ellas’ supone para el organismo saldar “una deuda histórica (…) con todo el colectivo de mujeres deportistas históricamente discriminadas simplemente por su género”.

Aunque aún quedan algunos trámites para que la citada resolución se ponga totalmente en práctica, la profesionalización del fútbol femenino permite que pueda equipararse a su homólogo masculino en aspectos organizativos o en la venta de derechos audiovisuales. Hay que recordar que, hasta ahora, solo había tres competiciones profesionales en España, todas masculinas: Primera y Segunda División de fútbol y ACB (baloncesto).

Hemos visto que, a pesar de las dificultades y prohibiciones que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia del fútbol, poco a poco están comenzando a recibir el reconocimiento que merecen. Aun así, sigue habiendo ciertas diferencias, por lo que queda camino por recorrer. Mientras tanto, seguiremos disfrutando del fútbol profesional tanto masculino como femenino.

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