LA HISTORIA DEL FÚTBOL (2): Sheffield, la FA CUP y el comienzo del arbitraje

Publicado por LabHipermedia en

En este post continuamos con nuestro serial sobre la historia del fútbol vista bajo el prisma de la evolución de las Reglas del Juego. En la primera parte, que pueden volver a consultar clicando aquí, repasamos cuáles son los principales precursores del fútbol y cómo las ideas que contenían fueron evolucionando hasta desembocar, en 1863, en el nacimiento de las consideradas como primeras reglas.

Aún queda mucho por recorrer en esta apasionante historia de un deporte en el que se han sucedido las innovaciones técnicas y, en los últimos años, tecnológicas hasta configurar el fútbol tal y como lo conocemos hoy. ¿Cómo podía imaginarse que el fútbol de carnaval al que aludíamos en la anterior entrada iba a avanzar tanto en siglo y medio, un tiempo evidentemente corto si tenemos en cuenta toda la historia del ser humano? Si viajáramos en el tiempo y les dijéramos a los primeros árbitros que en el futuro contarían con herramientas como CloudLab para mejorar su labor en el campo desde cualquier lugar, nos acusarían poco menos que de brujería.

Pero, hablando de árbitros, esta nueva entrada contestará a varias preguntas que seguro que muchos se habrán hecho: ¿Cuándo surgieron? ¿Qué funciones tenían en sus inicios? ¿Eran ya en sus comienzos las máximas autoridades sobre el terreno de juego?

Las Reglas de Sheffield

Acabamos el primer post sobre la historia del fútbol hablando de que las 13 reglas iniciales del fútbol no consiguieron la unidad plena que esperaban sus creadores para hacer que el incipiente deporte despegara definitivamente. Y es que no solo hubo problemas con la escuela de Rugby: paralelamente a las Reglas de Cambridge, los clubes de Sheffield crearon su propio código para la disputa de partidos de fútbol.

La ciudad del acero, un personaje más de la película de culto The Full Monty y cuna de artistas como Joe Cocker o los Artic Monkeys, vio como nacían en 1857 las Reglas de Sheffield a la par que el considerado por la FIFA como el club de fútbol más antiguo del mundo: el Sheffield FC. Hoy, este equipo se encuentra olvidado en la octava división del fútbol inglés a la sombra de la encarnizada rivalidad que mantienen el Sheffield United (que ascendió en 2019 a la Premier League) y el Sheffield Wednesday (que se encuentra en la segunda categoría del fútbol inglés). Pero hay algo de lo que ellos no pueden presumir y que le iguala al Real Madrid: el Sheffield FC y el conjunto español son los únicos clubes galardonados con la Orden del Mérito de la FIFA.

Lo de que un equipo de fútbol se llame miércoles daría para otro post entero, pero volvamos a las Reglas de Sheffield, que es lo que ahora nos ocupa y que continuaron desarrollándose hasta la afiliación definitiva de la Asociación de Sheffield a la FA en 1878.

Pese a que en la creación de las primeras Reglas del Juego de The Football Association las ideas de Sheffield fueron prácticamente ignoradas, lo cierto es que en las posteriores modificaciones que se hicieron de las mismas se adoptaron muchos de los aspectos que defendieron en Sheffield: la eliminación del fuera de juego a lo Rugby a cambio de que bastara con que hubiera un jugador entre el atacante y la portería rival para que estuviera habilitado, la prohibición de marcar gol desde el saque de banda, la introducción del larguero en las porterías y de los saques de esquina, el cambio de campo en el descanso y no después de cada gol o la supresión del fair catch muestran que en Sheffield iban un paso por delante en cuanto a la innovación necesaria para asentar las reglas del fútbol y diferenciarlas del rugby, que también comenzaba a despegar por entonces.

Innovaciones decisivas

En nuestro post sobre estrategia y táctica mencionábamos que en los albores del fútbol se utilizaban formaciones que incluían ocho delanteros, y era debido precisamente a esa regla del fuera de juego inicial que no permitía que el jugador estuviera delante del balón en el momento del golpeo. En rugby, lo habitual es que la mayoría de los jugadores del equipo formen, tanto en ataque como especialmente en defensa, en una sola línea por esta causa, así que es lógico que en los comienzos del fútbol esto se replicara.

Sin embargo, a finales de la década de 1860 la FA tuvo que ceder a las presiones de los clubes de Sheffield y de buena parte de Inglaterra. La Asociación estaba al borde de la desaparición, con cada vez menos equipos adscritos a ella y más adoptando las Reglas de Sheffield, así que decidió copiar a su manera algunos de sus postulados: en cuanto al fuera de juego, el atacante estaría habilitado si había tres defensores entre él y la portería. En el futuro, se impondría la solución salomónica que hoy sigue vigente: ni tres ni un defensor, sino dos entre portería y jugador para no estar en posición de fuera de juego.

Los saques de puerta y de esquina también fueron introduciéndose paulatinamente a finales de la citada década y comienzos de la siguiente, pero hay una figura de la que hablábamos al final del primer post sobre la historia del fútbol y que aún no hemos mencionado: el árbitro.

De capitanes a umpires

Hemos hablado mucho de cambios de reglas, de diferentes códigos que regían el fútbol en sus inicios… Sin temor a equivocarnos, podemos definir como caótico el comienzo de este deporte. De hecho, antes de que Sheffield se uniera a la FA se disputó un partido entre el Sheffield FC y un combinado de jugadores de la Asociación. Los primeros pensaban que se iba a celebrar con sus reglas, los segundos entendieron que se haría con las suyas…Al final la sangre no llegó al río y se jugó con las de la FA, pero cuando esta quiso hacer un segundo partido, el Sheffield FC se negó en redondo.

Todo esto empezó a traducirse en la necesidad de que una persona juzgara el correcto desarrollo de los encuentros. Sí, era muy bonito que se confiara en la palabra de los propios jugadores para que reconocieran las infracciones y se ponía la mano en el fuego en que los futbolistas serían honestos y no pudieran tener ideas tan sumamente disparatadas como simular para sacar provecho de alguna norma…

Muy bonito, pero demasiado idealizado. La realidad es que toda norma, sea del ámbito que sea, es interpretable, por lo que las discusiones entre los equipos podían ser interminables si cada uno entendía la jugada de manera distinta. Es decir, que lo que hoy ocurre en la barra de un bar cada fin de semana entre aficionados rivales se extrapolaba al terreno de juego cada vez que se producía una jugada gris (bendito VAR, que nos ha regalado este término en el que todo cabe según el color del cristal con que se mire).

La solución inicial a este sinsentido fue otro aún mayor: crear la figura de los umpires, una especie de delegados arbitrales que se colocaban detrás de cada portería. El problema es que esos umpires eran normalmente los capitanes de cada uno de los equipos, matizando que en esa época el capitán tenía todas las funciones habidas y por haber: podríamos definirlo como el presidente-director deportivo-entrenador-chico para todo del equipo. Así que, en su posición, esperaban a que hubiera una jugada polémica que los jugadores no consiguieran resolver para entrar al campo y discutir entre ambos umpires.

Se consideraba que estos umpires tenían un conocimiento absoluto de las reglas y eran hombres de reconocido prestigio, así que eran absolutamente capaces de dejar la bufanda de su equipo en casa y ser totalmente objetivos… Sin embargo, es curioso señalar que una de sus principales tareas era hacer de Tecnología de Línea de Gol rudimentaria (parecido al extinto árbitro asistente adicional, más conocido como juez de área o de gol), más teniendo en cuenta que se colocaban en la portería en la que atacaba su equipo. En caso de duda, ¿de verdad iban a ser imparciales y no conceder gol al conjunto que presidían?

La primera competición y los primeros árbitros

La realidad es que esta situación no pudo mantenerse por mucho tiempo. En 1871 hubo que tomar decisiones en torno a los umpires debido a la creación de la primera competición de fútbol de la historia, la FA Cup. La solución fue que dejaran de ser designados por los equipos para pasar a ser neutrales, pero no solo eso: también se creó la figura del árbitro como juez último de las disputas, aunque sin abandonar parte de la idealización de la que hablábamos.

Y es que primero se confiaba en que los jugadores pudieran resolver sus conflictos y, si ellos no lo conseguían, entraban en juego los capitanes. Si tampoco estos se ponían de acuerdo, los dos umpires tomaban una decisión… Salvo que no pensaran lo mismo. Era entonces cuando entraba la figura del árbitro, que en base a lo observado y escuchado desde fuera del terreno tenía la última palabra sobre la jugada en cuestión. Al VAR se le critica que en ocasiones sea lento en su toma de decisiones, pero comparado con este procedimiento…

No tardarían muchos años en darse cuenta de que este sistema no era todo lo efectivo que se pretendía, finalizando el debate en la configuración que hoy conocemos: un árbitro principal y dos árbitros asistentes, aunque por aquel entonces se les denominaba jueces de línea (y hoy en día, todavía muchas personas les llaman así). Sin embargo, de esto hablaremos en la próxima edición de nuestro post sobre la historia del fútbol.

Categorías: Blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *