LA HISTORIA DEL FÚTBOL (3): El nacimiento de la IFAB

Publicado por LabHipermedia en

Una semana más, seguimos con nuestro serial sobre la historia del fútbol vista bajo el prisma de la evolución de las Reglas del Juego. No obstante, antes de meternos en faena, vamos a hacer un breve repaso de lo visto hasta ahora.

En la primera parte, que puede consultarse aquí, hablábamos sobre los principales precursores del fútbol y cómo este incipiente deporte fue evolucionando hasta una fecha clave: 1863, año en el que vieron la luz las consideradas como las primeras reglas de la historia del fútbol.

Sin embargo, en el segundo capítulo de nuestro serial vimos que ese hecho no logró la unificación deseada entre todas las escuelas que practicaban el fútbol en Inglaterra, su lugar de nacimiento. Poco a poco se fue logrando un consenso para el desarrollo de este deporte, y una figura fue clave en ello: la del árbitro, aunque pasó por varias etapas con nombre, procedencia y rol muy distintos hasta que se convirtió en algo similar a lo que es hoy en día al hilo de la creación de la primera competición de fútbol de la historia, la FA Cup.

Cuatro países, cuatro reglas distintas

Como mencionábamos antes, la práctica del fútbol estaba bastante estandarizada durante la década de 1870… Aunque si antes las diferencias eran notorias entre las escuelas de Inglaterra, ahora se habían trasladado a un plano algo más internacional. Y es que en esos años se crearon, en este orden, las federaciones de Escocia, Gales e Irlanda (todavía no se había producido la división entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, así que englobaba a toda la isla), con muchas similitudes pero también alguna que otra particularidad en su concepción del fútbol. Si por aquel entonces hubieran dispuesto de nuestra plataforma CloudLab, seguro que hubieran solventado mucho antes el reto de la unificación de criterios…

Esas pequeñas discrepancias suponían que, cada vez que había un encuentro entre alguna de las cuatro federaciones, se jugara con las reglas específicas del país que albergara el encuentro. Así ocurrió en el primer partido internacional de la historia del fútbol, disputado en 1872 entre Escocia e Inglaterra en Glasgow, y en los posteriores que se celebraron durante la década. Que los jugadores y demás componentes del fútbol tuvieran que aprenderse las reglas de cada federación suena un poco caótico, ¿no?

Esto llevó a que se reunieran en 1882 en Manchester, no tanto con la intención de elaborar una regla única para la disputa de los partidos de fútbol en todas las islas británicas, sino solo para los partidos que enfrentaran a las selecciones de los cuatros países entre sí. Podían haber aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid (o el río Irwell por la ciudad que acogió el evento) para ponerse totalmente de acuerdo, pero no lo hicieron… Y solo tres años después tuvieron que tomar una importante decisión.

Poderoso caballero es Don Dinero

En la propia Valladolid estudió Francisco de Quevedo, uno de los escritores más prolíficos y destacados de la literatura española y autor de la acertadísima frase que precede a este párrafo. Y es que, poco a poco, el fútbol estaba comenzando a generar dinero y, aunque no tenga demasiado que ver con las Reglas del Juego en sí, lo que ocurrió en 1885 con respecto a la economía de este deporte tuvo una enorme importancia en su desarrollo.

Además de la lógica venta de entradas para los partidos (las mujeres solían entrar gratis a los campos, no así los hombres, aunque esto empezó a cambiar cuando aquel año dos mil mujeres se presentaron en un partido del Preston North End arruinando el negocio), el fútbol también estaba obteniendo recursos monetarios gracias a las apuestas y a los negocios de hostelería de las zonas próximas a los terrenos de juego, que solían patrocinar los encuentros.

Sin embargo, los jugadores participaban por amor al arte del incipiente negocio porque no se le consideraba como tal, sino simplemente como un entretenimiento. No se podía pagar a los jugadores, ni mucho menos vender a uno de ellos a otro club. O, al menos, esa era la idea, ya que en muchos clubes se estaba empezando a dar un salario bajo cuerda a los mejores para retenerles.

Amateurismo vs. profesionalismo

Prácticamente todos los deportes han pasado a lo largo de su historia por la dicotomía amateurismo vs. profesionalismo (y su tercera pata, el llamado amateurismo marrón, que no era sino lo relatado al final del anterior párrafo: pagar ilegalmente a los deportistas). Los defensores de lo primero enarbolaban el sentido lúdico y altruista del deporte como bandera, mientras que los segundos querían que los deportistas ganaran parte del dinero que ellos mismos estaban generando con sus actuaciones.

El fútbol, así las cosas, se adelantó unos años en el debate que luego se abriría con la creación de los Juegos Olímpicos modernos en 1896. Pierre de Coubertin, su fundador, defendió a ultranza que solo debían participar deportistas amateurs en la competición y sin recibir ninguna prestación económica. Aún hoy en día hay deportes en los JJOO que siguen teniendo una base profundamente amateur como el boxeo, en el que solo se comenzaron a admitir luchadores profesionales (eso sí, con notables restricciones) en los últimos Juegos disputados en Río de Janeiro.

Hubo un claro detonante para que el fútbol inglés decidiera profesionalizarse: el escaso número de equipos que optaban por inscribirse en la FA Cup. Al tener que competir desinteresadamente, muchos clubes optaban por organizar amistosos por su cuenta. Lógico desde un punto de vista económico, ya que así se aseguraban el control de los ingresos que pudieran generar. Y más lógico aún si se tiene en cuenta que en 1884 el Preston North End fue expulsado de la competición por pagar a sus jugadores, práctica que empezaba a ser habitual principalmente en los equipos del norte de Inglaterra, lo que llevó a que varios clubes de la zona se alinearan con el expulsado y abandonaran la FA Cup.

Así que, en el verano de 1885, The Football Association aceptó el profesionalismo en el fútbol inglés con particularidades muy curiosas: sí, se podía pagar a los jugadores, pero solo si habían nacido o vivido durante un mínimo de dos años a menos de 10 kilómetros de la sede del club. No obstante, ser futbolista ya era, a todos los efectos, una profesión en dicho país… algo que, en el caso del arbitraje, aún no se ha conseguido plenamente en la mayoría de países del mundo.

La creación de la IFAB

Escocia, sin embargo, no estaba por la labor de hacer lo mismo y se negó a disputar partidos ante combinados ingleses que estuvieran formados por profesionales. Un nuevo cisma se había originado en el mundo del fútbol, pero Irlanda puso cabeza y propuso una reunión anual de las cuatro federaciones para discutir las Reglas del Juego. Siguiendo el consejo de la federación irlandesa, dos representantes de cada una de las asociaciones del fútbol británico se reunieron el 2 de junio de 1886 en Londres: había nacido la International Football Association Board (IFAB).

Su creación no resolvió el problema, sino que fue otro hecho: Inglaterra eliminó en 1889 las restricciones antes relatadas y la primera Football League (precursora de la Premier) se la llevó el citado Preston North End con 10 jugadores escoceses en sus filas, que habían emigrado a Inglaterra para convertirse en profesionales. Ganada, además, sin perder ni un solo partido, algo que hasta la fecha solo ha conseguido repetir el Arsenal de Arsene Wenger en la temporada 2003-2004. Ante estos hechos, Escocia claudicó y admitió el profesionalismo en 1893.

Pero, al fin y al cabo, hemos mencionado por activa y por pasiva que esta historia del fútbol va a ser relatada desde el punto de vista de las Reglas del Juego, por lo que la profesionalización del fútbol no ha sido sino simplemente el pie para poder hablar de la IFAB.

Antes de nada, hay que reconocer que probablemente solo los más fanáticos del fútbol sepan lo que es la IFAB. Desde su creación, esta asociación se ha erigido como la guardiana de las Reglas del Juego, asignándose la tarea de preservarlas, monitorizarlas, estudiarlas y modificarlas. Hasta el día de hoy, la IFAB es la única que puede cambiar las Reglas del Juego, cuya última versión puede consultarse aquí.

Una de esas primeras modificaciones, que dejábamos en el tintero en el anterior post, es la de la instauración definitiva del colectivo arbitral tal y como lo conocemos hoy (a excepción del cuarto árbitro, que llegaría mucho después). Como decíamos, originalmente había dos ‘jueces’ y cada equipo podía acudir a uno de ellos en caso de que hubiera una jugada polémica que los capitanes no pudieran resolver, composición que fue usada en la creación de la FA Cup. Esta solución estaba lejos de ser ideal, sin embargo, ya que la toma de decisiones estaba precedida de largos retrasos.

Al principio, el árbitro se quedaba de pie fuera del terreno de juego, con la tarea de controlar el tiempo y de ser requerido cuando los dos jueces fracasaban al tomar una decisión por si solos. En 1891, se introdujo definitivamente la figura del árbitro como única persona con la autoridad de expulsar a los jugadores y conceder penaltis y faltas sin atender a solicitudes. Y, como consecuencia, los dos jueces se convirtieron en líneas, hoy en día llamados árbitros asistentes.

Pero, ¿cómo decide la IFAB esos cambios? ¿Quién los propone? ¿Quién tiene voto en la asociación y cómo se distribuyen los mismos? Lo veremos en los próximos episodios de nuestro serial sobre la historia del fútbol.

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