LA HISTORIA DEL FÚTBOL (1): Los precursores del fútbol y las primeras reglas

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¿Se imaginan un fútbol en el que no existiera el fuera de juego, al menos tal y como lo conocemos hoy? ¿O en el que no hubiera árbitros que impartieran justicia sobre el césped? ¿Y si les decimos que hubo un largo tiempo en la historia de este deporte en el que no existían los penaltis?

Seguro que muchos, y en especial los más jóvenes, no podrán concebir eliminar del fútbol aspectos como los mencionados en el anterior párrafo. Sin embargo, la complejidad que ha alcanzado hoy ha llegado gracias a una evolución que, si bien se ha acelerado en los últimos años, se remonta a siglos pasados.

Por ello, en LabHipermedia queremos acercaros la historia del deporte que ha impulsado la innovación tecnológica que nuestra empresa abandera. Y, basándonos en nuestros años de experiencia en la formación arbitral, hemos creído necesario vehicularla a través de la principal herramienta de los árbitros: las Reglas del Juego.

Por todo ello, en las próximas semanas publicaremos una serie de posts en los que repasaremos cómo ha evolucionado el fútbol a través de sus reglas, con multitud de curiosidades que harán las delicias de los amantes de este deporte. En esta primera parte comenzaremos hablando sobre los ancestrales orígenes del fútbol y llegaremos hasta la fecha de su nacimiento oficial

Los precursores del fútbol

El fútbol comenzó a adquirir la relevancia que hoy tiene en el siglo XX, pero sus orígenes se remontan a muchos siglos antes. Existen evidencias de deportes con características muy parecidas en civilizaciones de la Edad Antigua tan alejadas entre sí como la maya o la romana, aunque el primer texto que se conserva en el que se describe una práctica similar data del siglo III a.C.: el código del cuju, jugado en la Antigua China durante más de 1500 años y que consistía en pasarse una pelota con los pies hasta depositarla en una red. ¿Les suena?

La propia FIFA reconoce a este deporte como el precursor más antiguo del fútbol del que se tiene evidencia, aunque hay que reconocer que no se creó con la intención de convertirse en un deporte como tal. Sus inicios estuvieron ligados al ámbito militar, sirviendo como entrenamiento para las tropas, para más tarde introducirse en las vidas de las clases altas de la sociedad china y, finalmente, expandirse como deporte de masas por todo el país.

No obstante, prácticamente todos los antecesores del fútbol han desaparecido. Probablemente el único que sigue practicándose en la actualidad es el kemari, adaptación japonesa del mencionado cuju en el que el objetivo es pasarse un balón con los pies evitando que toque el suelo.

Este deporte cuenta incluso en el país nipón con una Asociación para la Conservación del kemari, que se propone evitar que desaparezca. Eso sí, nunca abandonará los patios de los colegios y los entrenamientos de muchos equipos, aunque en España ha entrado en la historia con el nombre de “Que no caiga”.

Las Reglas de Cambridge

Ese fútbol ancestral fue evolucionando durante la Edad Antigua y la Edad Media, pero el punto de inflexión clave llegó en 1848 en el país que siempre ha sido considerado como el creador del fútbol: Inglaterra.

Allí se practicaba el llamado fútbol de carnaval, que prácticamente carecía de reglas y que consistía en llevar una pelota de la manera que fuera posible hasta la portería contraria. Y esto es literal: el único límite que no se podía traspasar era el asesinato de un rival, pero solo el hecho de que se contemplara este extremo ilustra con claridad la agresividad de este fútbol primigenio y que, como puede verse en el siguiente vídeo, sigue practicándose en algunas localidades del país como Ashbourne.

Los partidos de este singular deporte solían disputarse entre pueblos vecinos, con las porterías ubicadas en cada uno de esos municipios. Quizás las rencillas pendientes entre los habitantes fueran la causa de que hubiera que legislar para evitar que se derramara más sangre de la debida durante los encuentros….

Variantes más amables de esta especie de “Grand Prix” llevado al extremo de la competitividad (y sin vaquillas) comenzaron a desarrollarse a inicios del siglo XIX en escuelas y universidades de Inglaterra hasta la citada fecha, en la que varios de estos colegios se dieron cita en la Universidad de Cambridge con el propósito de unificar una regla estándar para el incipiente deporte: las conocidas como Reglas de Cambridge.

Aunque no se conserva el documento original, sí que existe una copia fechada en 1856 que probablemente sea una evolución de las primeras Reglas de Cambridge. Aspectos como el inicio y fin de los partidos, los saques de meta o el fuera de juego (aunque era similar al rugby y consistía en la prohibición de pasar el balón hacia delante) ya se contemplaban en dicho código, aunque el fútbol aún era practicado con las manos.

Bajo el amparo de estas reglas se dispusieron a celebrar un partido de este protofútbol en Parker’s Piece, un amplio parque situado en la misma localidad de Cambridge. Y, para que todos los presentes conocieran las reglas, se clavaron las mismas en los árboles del lugar. Una placa conmemora este hecho: «Aquí en Parker’s Piece, en los 1800s, los estudiantes establecieron un conjunto de simples reglas de fútbol enfatizando habilidad sobre fuerza, que prohibieron atrapar la pelota y zancadillear. Estas reglas de Cambridge fueron la influencia definitoria de las reglas de 1863 de la Football Association».

El nacimiento del fútbol

La placa que recuerda esta efeméride nos lleva a la siguiente fecha clave en la historia del fútbol: 1863, año marcado por los historiadores como el del nacimiento definitivo del fútbol. El 26 de octubre de aquel año se fundó The Football Association, que desde entonces se erige como el máximo organismo de este deporte en Inglaterra y que, como no podía ser de otra manera, tiene el honor de ser la federación más antigua del mundo.

La Freemasons’ Tavern, situada en Londres, fue el escenario de la reunión que constituyó la Asociación y de otras cinco que tendrían lugar durante ese año. En estas reuniones, entre pintas de cerveza y discusiones entre los partidarios de jugar con los pies o con las manos, acabarían por establecerse de manera definitiva las 13 reglas originales del fútbol, basadas en gran parte, como ya hemos mencionado, en las Reglas de Cambridge.

Sin embargo, hay muchas diferencias entre ambas normas. La más clara es la prohibición de utilizar las manos: las nuevas reglas especificaban que ya no se podía coger el balón desde el suelo con las extremidades superiores, y mucho menos correr, lanzar o pasar el balón con las mismas. Solo había un supuesto en el que se podían usar: el “fair catch”, una jugada que sigue existiendo en el fútbol americano y que consiste en interceptar un pase aéreo atrapándolo con las manos sin que toque el suelo.

No todos los asistentes a estas reuniones estuvieron de acuerdo con los acuerdos adoptados. Los más beligerantes fueron los representantes de la escuela de Rugby, que no suscribieron los acuerdos y abandonaron Freemasons’ por su empeño en jugar con las manos. No obstante, sus ideas fueron el germen de las reglas de otro deporte que, teniendo en cuenta el nombre de la localidad de la que procedían, es fácil de adivinar.

Las reglas originales

Aunque hoy en día hayan ascendido a 17, las 13 Reglas del Juego originales siguen siendo, al menos en lo que a estructura se refiere, la columna vertebral de las actuales.

La primera regla fue y sigue siendo “El terreno de juego”. La longitud del campo se sitúa entre 90 y 120 metros en la actualidad, con una anchura de entre 45 y 90 metros. Sin embargo, en su origen el campo era bastante más grande de lo que es hoy en día: si bien se especificaba que la anchura máxima tampoco debía sobrepasar los 90 metros, el salto se aprecia en la longitud, que debía ser de 180 metros.

La regla también mencionaba que el largo y ancho debían estar delimitados con banderas, que más tarde acabarían siendo los banderines de córner, y cómo debían ser las porterías, a las que les faltaba un elemento hoy día imprescindible: el travesaño o larguero. Eso sí, la distancia entre postes ha permanecido inalterable desde entonces: 7,32 metros.

La segunda y la tercera regla pueden encuadrarse en la octava actual, llamada “Inicio y reanudación del juego”. El comienzo del partido era muy similar al del rugby actual: el equipo que perdía el sorteo iniciaba el encuentro con una patada hacia el campo rival. Eso sí, como curiosidad cabe destacar que los equipos cambiaban de lado del terreno de juego cada vez que uno de ellos marcaba un gol.

Mencionábamos antes que la portería no contaba con travesaño. Surge entonces la pregunta de cuándo un gol era válido, sobre todo en términos de altura. La regla cuatro responde a esa cuestión: no importaba cómo de alto hubiera ido el balón, ya que mientras pasara entre o por encima del espacio entre los postes se concedería gol.

Los creadores de las Reglas del Juego también legislaron sobre cómo reanudar el encuentro después de que el balón saliera del terreno de juego por la línea de banda. Lo primero que menciona la regla cinco es que, una vez fuera del campo, el primer jugador que toque el balón deberá ser el lanzador. Un aspecto que quizás sería interesante recuperar en la actualidad para evitar una de las formas más clásicas de pérdida de tiempo: esa en la que un jugador va a sacar de banda y, en el último momento, deja el balón para que otro compañero lo efectúe.

Lo que es más difícil de imaginar en el fútbol moderno es el resto de características que definían estos saques. Primero, el hecho de que hubiera que sacar en ángulo recto al punto por el que hubiera salido el balón (otra regla que permanece en el rugby en lo que a saques de banda se refiere) y, segundo, que el balón no estaba en juego (y, por lo tanto, no podía ser disputado) hasta que tocara el suelo. Esos sacadores de banda que son capaces de poner el balón en el punto de penalti lo iban a tener más complicado para generar jugadas de peligro con estas limitaciones.

En sexto lugar encontramos una de las reglas más identificativas del fútbol: el fuera de juego, ese desconocido para los no amantes de este deporte y que muchos estaremos hartos de intentar explicar sin demasiado éxito. Eso sí, era mucho más simple en sus orígenes: como ya hemos mencionado, existía fuera de juego si al patear el balón algún jugador del equipo propio se encontraba por delante del mismo y tocaba o impedía que el rival tocara el balón. Simplificando, podemos decir que no podía pasarse el balón hacia adelante (otra mención al rugby) y, por tanto, aspectos tan subjetivos y polémicos como los fueras de juego interfiriendo con la línea de visión de un oponente no tenían cabida en esta versión del fuera de juego.

Hemos hablado antes de cómo reanudar el juego con un saque de banda. Entonces, ¿qué ocurría si el balón salía por la línea de meta? Que la lucha por el balón seguía, ya que el primero que tocara el balón fuera del campo iba a tener derecho a jugarlo: si era del equipo defensor, con una especie de saque de meta sobre la línea; si era del equipo atacante, con un tiro libre a algo más de 13 metros de la línea de meta y con los jugadores rivales en dicha línea. Si bien no era un penalti, se le parecía mucho.

Ya hemos hablado antes de las reglas 8, 9, 11 y 12, que legislan el “fair catch” como única forma de tocar el balón con las manos mientras esté en juego, así que no vamos a entrar en mayor detalle. Solo quedan, por tanto, dos reglas para completar las 13 iniciales: la regla 10 especificaba que no se podía zancadillear, dar una patada ni agarrar o empujar a un rival, mientras que la última hacía referencia a las botas de los jugadores, prohibiendo materiales como clavos salientes o placas de hierro en sus suelas.

Con respecto a las 17 actuales, la mayor omisión en las reglas originales radica en la falta de una norma específica para árbitros, básicamente porque no existían. No obstante, estas reglas no acabaron totalmente con la controversia de la unificación del fútbol (la escisión entre The Football Asociation y Rugby es solo una muestra), aunque esto lo trataremos en el siguiente post sobre la historia del fútbol.

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2 commentarios

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