La tecnología de la línea de gol, otro avance al servicio del arbitraje

Publicado por LabHipermedia en

El VAR, del que ya hemos hablado ampliamente en anteriores artículos de este blog, y la polémica que gira alrededor de su uso han parecido eclipsar a cualquier otra tecnología vinculada al mundo del fútbol. La repercusión del VAR ha sido tal que incluso tendemos a pensar que esta ha sido la primera medida tomada para lograr un deporte más justo (aunque, como ya se ha podido constatar en numerosas ocasiones, las horas y horas de debate entre amigos sobre si determinado arbitraje “ha favorecido” o “perjudicado” a un equipo no han desaparecido en absoluto), pero lo cierto es que las tecnologías destinadas a proporcionar ayuda al colectivo arbitral llegaron al fútbol hace ya algunos años.

Hoy vamos a hablar de una que seguro que más de un amante del fútbol conoce: las tecnologías de la línea gol, también llamadas sistemas de detección automática de goles. Y hablamos en plural porque no solo existe una, sino que existen dos modos diferentes de implantar esta tecnología, y que vamos a explicar a continuación. Incluso, podríamos hablar de un tercero, que no sería más que el resultante de la combinación de ambos sistemas.  

Dos goles que pudieron cambiar la historia

Cuando se empezó a experimentar con la tecnología aplicada al fútbol, lo primero que los expertos quisieron solventar no era el problema del fuera de juego, de las manos o de los penaltis, sino el de los goles fantasmas. La perspectiva del árbitro principal y de sus asistentes no siempre es la mejor para juzgar si un balón ha rebasado o no la línea de gol en su totalidad, sobre todo cuando en muchos casos es una cuestión de centímetros. Además, el ojo humano tiene sus limitaciones, y si a eso se le suma el hecho de que todo ocurre en décimas de segundo, queda un cóctel perfecto para provocar un posible error arbitral si no se cuenta con una tecnología que elimine cualquier lugar a dudas.

Ahora bien, ¿cuál fue el detonante de esta necesidad de acabar con los goles fantasma? La propia FIFA, en su página web, cita dos goles clave en la historia de las Copas del Mundo que les empujaron a investigar en este camino y que, además, enfrentaron a las mismas selecciones: Inglaterra y Alemania.

1966. Final de la Copa del Mundo. Inglaterra, anfitriona del evento, y Die Mannschaft llegaron empatadas a dos al término del tiempo reglamentario. En la prórroga, se produciría la jugada clave. Geoff Hurst, autor de tres goles en dicha final, recibe un centro de espaldas, gira y suelta un latigazo que se estrella en el larguero. El balón bota cerca de la línea de gol y los jugadores ingleses comienzan a celebrar el tanto. Geoff Dienst, árbitro del encuentro, les da la razón tras hablar con su asistente, Tofiq Bakhramov: 3-2 para una Inglaterra que acabaría alzándose con el título.

En 1995, tras un estudio de la Universidad de Oxford, se llegaría a la conclusión de que el balón no había rebasado completamente la línea de gol y, por tanto, el gol no debió haber subido al marcador.

Avanzamos ahora hasta 2010 y a los octavos de final de la Copa del Mundo celebrada en Sudáfrica. Con 2-1 en el marcador para los alemanes, Frank Lampard dispara desde la frontal del área. De nuevo el travesaño cobró un papel protagónico al desviar el balón hacia abajo, aunque con un desenlace totalmente distinto al de 1966: en este caso, el balón entró con bastante claridad en la portería, pero no se concedió el tanto.

Lo que la fortuna le dio a Inglaterra en 1966, se lo arrebató 44 años más tarde. El partido acabaría con victoria clara de los alemanes por 4 a 1 pero, ¿qué hubiera pasado de subir el 2-2 al marcador?

Por casos como estos, FIFA puso en marcha su maquinaria para desarrollar una tecnología que combatiera estas situaciones.

La tecnología basada en cámaras

Como ya mencionamos brevemente en nuestro artículo sobre tecnología aplicada al deporte, puede considerarse como el precursor de esta idea al comúnmente conocido como “ojo de halcón”, un sistema que lleva usándose en los principales torneos de tenis (y en otros deportes como el críquet) desde 2006 para comprobar, petición de uno de los jugadores mediante, si una bola dudosa ha entrado o no en el terreno delimitado. En fútbol, su aplicación tiene principios similares y un funcionamiento (aparentemente) sencillo que se basa, básicamente, en la observación.

Se despliegan distintas cámaras en cada una de las porterías, cada una de ellas emplazada en un lugar distinto alrededor de las mismas para tener visión de todos los ángulos posibles. Esas cámaras que apuntan a la portería se encuentran situadas en las gradas para tener una visión más completa de la pelota.

Las cámaras siguen continuamente la pelota y envían una señal a un sistema que es capaz de seguir la trayectoria del balón en 3D. Cuando la pelota cruza o no la línea de meta, el sistema recrea su posición mediante la triangulación de las cámaras, detectando la posición exacta de la pelota para determinar si entra o no por completo.

Si la pelota traspasa en su totalidad la línea de gol, el programa envía inmediatamente una señal al reloj del árbitro, el cual comienza a vibrar. El seguimiento de las cámaras en directo hace posible que la señal se envíe al árbitro en menos de un segundo, acabando así con la polémica de los goles fantasma.

En esta tecnología se basa también Azor, nuestro sistema multicámara de instant feedback. Pensado especialmente para los árbitros asistentes, uno de los ejercicios que suelen hacerse en las sesiones de Azor y que puede verse en el siguiente vídeo consiste en que, tras un esprint del asistente, una persona situada bajo el travesaño bota un balón cerca de la línea de gol. El asistente decide entonces si el bote ha sido dentro o fuera de la portería y se dirige a una pantalla en la que podrá ver al instante si ha tomado o no la decisión correcta gracias a la imagen que habrá grabado una cámara de alta definición situada justo en línea con la línea de gol.

La tecnología basada en campos magnéticos

Este sistema de detección mezcla dos tecnologías en una sola: las herramientas de campo magnético y las de antena o señal. Este mecanismo llegó más tarde y es algo más complejo que el explicado anteriormente, aunque su velocidad está probada y su precisión aprobada por FIFA.

En este caso no hay cámaras, puesto que ahora todo está basado en una serie de antenas desperdigadas a lo largo y ancho de los palos y el poste, los cuales están recubiertos por plástico.

Además, en la portería hay enterrado un inductor que está conectado a un procesador y, a su vez, dentro del balón encontramos tres bobinas electrónicas. Se crea así un campo magnético que cubre toda la línea de gol.

Cuando el balón sobrepasa la línea, las antenas se activan y envían una señal al procesador, advirtiendo de que ha sobrepasado el campo magnético que forma la portería. Al igual que en el caso de la tecnología basada en cámaras, el reloj del árbitro recibe una señal para confirmarle que el tanto es válido.

En España, ninguna de estas tecnologías había sido implantada anteriormente hasta la Supercopa 2020, en la que la tecnología basada en cámaras fue usada por primera vez.  En LaLiga esta función también está encomendada al VAR, aunque al entrar en juego el factor humano para valorar si el balón ha sobrepasado o no la línea de gol el margen de error es algo mayor.

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